lunes, 9 de noviembre de 2009

Grecia

Grecia
7-7-2008
Nuestro viaje lo decidimos hacer con Iberojet.

A la llegada nos recoge nuestra guía y nos lleva al hotel, a la mañana siguiente desayunamos en el hotel y comenzamos con nuestra preparada ruta, salimos hacia el Canal de Corinto, con una longitud de 6,3 km es punto de convergencia de los mares Egeo y Jónico evitando así los barcos un rodeo de casi 400 km.

Corinto es la puerta de entrada al Peloponeso si se accede desde la Grecia continental.
Es una buena forma de entrar en la península, ya que de esta forma tendrá la oportunidad de colocarse sobre el istmo y contemplar la magnífica obra de ingeniería que supone el canal.
Realizamos una breve parada para hacer fotos de este bonito lugar, después continuar el camino hacia el renombrado teatro Epidauros construido en el siglo II antes de Jesucristo.
El Teatro de Epidauro o Epidavros (Επίδαυρος) es uno de los grandes tesoros arqueológicos que han sobrevivido desde la época clásica griega.

Se trata de un teatro conservado a la perfección, hasta tal punto que hoy en día se sigue usando para representaciones teatrales y conciertos.
Los restos del teatro fueron descubiertos en el siglo XIX en perfecto estado. En realidad, el teatro es sólo una parte de un complejo arqueológico mucho mayor: el Santuario de Asclepio, incluido en la lista del patrimonio mundial de la Unesco.
Es impresionante, en primer lugar por sus dimensiones, y en segundo lugar porque si te colocas en el centro del mismo, abajo en la arena, y hablas o emites cualquier sonido, puedes oír como reverbera en el teatro, exactamente igual que si tuvieras un micrófono.
La fortaleza, que ocupa el ancho de la cornisa, sirvió, durante el siglo XIV, de protección para los piratas.
Continuación del trayecto hacia Nauplia donde se hace una breve parada.

Nauplia, a unos 30 km de Epidauro, es un pequeño puerto lleno de encanto con callejuelas de ambiente italiano y un castillo veneciano. Después, durante el Imperio Otomano, fue ocupada por su verdugo.
Continuamos hacia Micenas que en su tiempo fue centro de la brillante civilización.
Micénica y ciudad dorada de los antiguos poetas.
En la Puerta de los leones nos pillo un pequeño terremoto.
Se podrá admirar la puerta de los leones, las ruinas de la ciudad amurallada y las tumbas reales.

En una pequeña elevación sobre la llanura de la Argólida se encuentra Micenas, la “rica en oro”, según el epíteto de Homero.
Hacen honor a tal título los suntuosos hallazgos funerarios descubiertos por Schliemann, entre 1874 y 1876. Actualmente están expuestos en el Museo Nacional de Atenas, destacando la magnífica máscara mortuoria de oro conocida como la “Máscara de Agamenón”, si bien estudios minuciosos concluyen que la pieza pertenece a una época anterior a la que se cree que vivió el fabuloso rey que dirigió la expedición contra Troya.

Continuamos hacia Olimpia, fue, durante cientos de años, el centro religioso y atlético por antonomasia de Grecia.

Los Juegos Olímpicos (776 a.C. – 392 d.C.), celebrados cada cuatro años durante la última luna llena del verano, eran los de mayor importancia de la Hélade, y en el transcurso de los mismos se declaraba una tregua respetada por todas las ciudades griegas, bajo pena de verse castigadas por sanciones muy duras.

A la mañana siguiente salimos hacia el recinto arqueológico de Delfos, el santuario de Apolo Pythios lugar escogido para su oráculo, los tesoros atenienses, Castalia Springs, y el museo arqueológico donde se puede admirar las esculturas de la Grecia Clásica como el famoso Aúriga de bronce.

Así describe el lugar Javier Reverte en su libro ‘Corazón de Ulises’: ‘Nadie que acuda a Delfos puede resistir la fuerza que emanan aquellos santuarios, tan desolados como altivos en el seno de un paisaje violento.

Delfos comunica una fuerza indomable, allí al pie del pétreo Parnaso, cercado de afilados picachos y en difícil equilibrio sobre barrancadas que bien pueden conducir a los infiernos.’ Realmente resulta sobrecogedor el enclave donde está ubicado el santuario, que parece estar agarrado a la empinada ladera de la montaña.
Ya por la tarde salimos hacia Kalambaka un pequeño pueblo situado en las faldas de las impresionantes rocas de Meteora.

Al margen de la explicación científica, uno se imagina al poderoso Zeus quebrando con violencia las piedras con la fuerza de sus rayos y creando así este fantástico paraje.

La combinación del bosque rocoso y el bosque animado nos sugiere una atmósfera propia del mito, recreando la sinfonía pétrea y la magia de los colores del lugar. Nos invade una sensación de habernos trasladado a otro mundo, en el tiempo y en la distancia Esa noche la pasamos en Kalambaka.

A la mañana siguiente visitamos el espectacular Meteora desde donde se contempla un magnífico escenario natural de inmensas rocas y en cuya cima, estratégicamente emplazados, se encuentran los monasterios de los juegos olímpicos de la antigüedad, atravesando el Peleones Central y las ciudades de Trípoli y Megalópolis luego dormirnos en Olimpia.


Meteora se encuentra en el corazón de Grecia, a 320 km de Atenas, en la región de Tesalia.
En la actualidad, sólo seis monasterios continúan siendo habitados por monjes o monjas: el Monasterio de San Nicolás, el de San Esteban, el Monasterio de la Santísima Trinidad, el Monasterio de la Transfiguración (Gran Meteoro), el de Rousanou y el de Varlaam.

Su espectacular ubicación, unido a los tesoros religiosos.

A la mañana siguiente visitamos el recinto arqueológico de la antigua ciudad de Olimpia, el santuario de Zeus Olímpico, el antiguo estadio donde se celebraron los primeros juegos olímpicos de la humanidad y el museo arqueológico.
Olimpia fue, durante cientos de años, el centro religioso y atlético por antonomasia de Grecia.

Los Juegos Olímpicos (776 a.C. – 392 d.C.), celebrados cada cuatro años durante la última luna llena del verano, eran los de mayor importancia de la Hélade, y en el transcurso de los mismos se declaraba una tregua respetada por todas las ciudades griegas, bajo pena de verse castigadas por sanciones muy duras. Nos dirigimos hacia Rio y cruzando la bahía de Corinto a Antirio. Se atraviesan las ciudades de Lepanto e Itea para llegar a Delfos a pasar la noche.

En la cima de estas montañas nos empezó a nevar, por la tarde salimos hacia Atenas atravesando Trikala, Lamia y Thermopiles donde se hará una breve parada para ver el monumento al rey espartano Leónidas.
Llegamos al hotel y la nieve iba cubriendo todas las calles, a la mañana siguiente todo Atenas estaba blanca, toda la noche nevando izo que el paisaje de este bello lugar cambiara por completo, esa mañana teníamos previsto la visita a la isla de Creta, pero por el mal tiempo y la nieve se suspendió, así que visitamos la ciudad, recorriendo unas calles completamente diferente a lo habitual.

A la mañana siguiente subimos al Partenón, pero no pudimos entrar por la nieve acumulada, así que decidimos de pasear por un Atenas completamente blanco.

Al día siguiente por fin pudimos visitar el Partenón, un lugar que deja volar la imaginación.

Aquí termino nuestro viaje, un país precioso al que volveremos seguramente.
Más fotos, pincha aquí.
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